El presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, anunció que su país dejará de celebrar elecciones, al afirmar que «no volverá a haber elecciones» y confirmar que los comicios previstos para 2027 no se realizarán. La declaración marca un nuevo paso en la consolidación del poder del mandatario, quien gobierna el país desde 2007 junto a su esposa y copresidenta, Rosario Murillo.
El anuncio fue realizado durante el acto por el 47° aniversario de la Revolución Sandinista, en Managua. Allí, Ortega sostuvo que no permitirá que sectores opositores, a los que acusó de actuar con apoyo de intereses extranjeros y de Estados Unidos, vuelvan a competir por el poder mediante elecciones.
Según explicó el mandatario, promoverá nuevas leyes a través de la Asamblea Nacional para impedir la participación política de quienes calificó como «golpistas» y «vendepatrias».
Crecen las críticas por el avance del autoritarismo
La decisión fue interpretada por organizaciones opositoras y organismos internacionales como un nuevo endurecimiento del régimen de Ortega, que en los últimos años concentró el poder mediante reformas constitucionales, el control de las instituciones del Estado y la persecución de dirigentes opositores, periodistas y organizaciones civiles.
Diversos analistas consideran que el anuncio elimina cualquier posibilidad de alternancia democrática y acerca al país a un sistema de partido único. Desde las protestas de 2018, el gobierno nicaragüense ha sido cuestionado por organismos internacionales debido a denuncias de violaciones a los derechos humanos, encarcelamiento de opositores y restricciones a las libertades políticas.
Casi dos décadas en el poder
Daniel Ortega regresó a la Presidencia de Nicaragua en 2007, tras haber gobernado el país durante la década de 1980 luego del triunfo de la Revolución Sandinista. Desde entonces, fue reelecto en sucesivas ocasiones en procesos cuestionados por la oposición y por la comunidad internacional debido a denuncias de falta de garantías democráticas.
Con este anuncio, el gobierno nicaragüense profundiza la concentración del poder y deja sin efecto la expectativa de celebrar elecciones generales en 2027, una decisión que ya provocó el rechazo de dirigentes opositores y de distintos gobiernos de la región.




