Mencho y Emilia tienen una historia en común: ambos crecieron en domicilios particulares y fueron entregados voluntariamente a la Fundación Planeta Vivo para comenzar un proceso de rehabilitación. Ahora, lejos de las casas donde vivían, atraviesan distintas etapas para recuperar las conductas propias de un animal silvestre.
Los dos fueron rescatados con pocos días de diferencia en viviendas de Berazategui. En lugar de permanecer como mascotas, sus familias decidieron entregarlos para que pudieran tener una oportunidad de regresar a la naturaleza.
EL PROCESO DE MENCHO
Mencho vivía dentro de una casa, junto a perros y sin acceso a un espejo de agua. Después de cumplir el período de cuarentena, fue trasladado a un ambiente natural controlado de la Fundación.
Allí comenzó a recuperar algunas de las conductas propias de su especie: volvió a nadar, empezó a buscar su propio alimento y se alimentó de la vegetación disponible en el lugar.
Pero uno de los avances más importantes ocurrió en su relación con las personas. Poco a poco, Mencho comenzó a tomar distancia y dejó de acercarse a los humanos en busca de alimento.
Para quienes llevan adelante su rehabilitación, este comportamiento representa una señal positiva. El objetivo es que el animal deje de asociar a las personas con una fuente de comida y vuelva a desarrollar las conductas naturales que necesitará para desenvolverse por sus propios medios.
LA LLEGADA DE EMILIA
Emilia también fue criada desde muy pequeña en un domicilio particular. La familia que la rescató tenía la intención de devolverla algún día a la naturaleza y finalmente decidió entregarla voluntariamente a la Fundación Planeta Vivo.
Luego de cumplir su cuarentena, fue trasladada al mismo ambiente natural controlado donde ya se encontraba Mencho.
El encuentro entre ambos fue inmediato. Se acercaron y comenzaron a permanecer juntos, en lo que posiblemente haya sido la primera vez que cada uno veía a otro ejemplar de su especie.
La presencia de Mencho podría ser especialmente importante para Emilia. Él ya avanzó en el proceso de rehabilitación, aprendió a buscar alimento por sus propios medios y redujo su contacto con los humanos, por lo que sus comportamientos pueden funcionar como referencia para ella.
MONITOREADOS LAS 24 HORAS
Mencho y Emilia tienen aproximadamente un año y son monitoreados de manera permanente, incluso durante la noche. El seguimiento se realiza a distancia para evitar interferir en sus conductas y permitir que desarrollen el proceso de rehabilitación de la forma más natural posible.
Todavía es demasiado pronto para hablar de una liberación. Primero deberán completar distintas etapas y demostrar que cuentan con las habilidades necesarias para desenvolverse sin asistencia humana.
Sin embargo, cada avance representa una señal positiva y aumenta las posibilidades de que algún día puedan recuperar su libertad.
LA IMPORTANCIA DE NO CONVERTIR ANIMALES SILVESTRES EN MASCOTAS
Desde la Fundación remarcan que los animales silvestres no tienen las mismas necesidades que una mascota doméstica. Crecer dentro de una casa puede impedir que desarrollen comportamientos esenciales para su supervivencia y generar una dependencia hacia las personas.
Por eso, los rescates y las entregas voluntarias son apenas el comienzo de un proceso que puede demandar meses de cuidados, monitoreo y rehabilitación.
El objetivo final es que animales como Mencho y Emilia puedan recuperar aquello que perdieron al crecer fuera de su ambiente natural: la posibilidad de vivir como animales silvestres.





