El consumo de carne vacuna continúa en retroceso en la Argentina y alcanzó en julio uno de sus registros más bajos de las últimas décadas. Según un informe de la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (CICCRA), el consumo equivalente por habitante se ubicó en 46,3 kilos anuales, tomando el promedio de los últimos 12 meses.
El dato representa una caída del 9,4% interanual y significa que cada argentino consumió, en promedio, 4,8 kilos menos de carne vacuna que un año atrás.
La cifra vuelve a poner en evidencia el cambio que atraviesa el mercado interno de la carne, un producto históricamente asociado a la alimentación de los argentinos. La combinación de precios elevados, menor poder de compra y cambios en los hábitos de consumo mantiene a la carne vacuna lejos de los niveles registrados años atrás.
Menos carne en el mercado interno
El retroceso del consumo se produce en un escenario en el que también disminuyó la producción. Durante los primeros meses de 2026, la actividad frigorífica registró una fuerte contracción y la menor cantidad de hacienda enviada a faena redujo la disponibilidad de carne para el mercado local.
A esto se suma el impacto de los precios, aunque durante los últimos meses algunas cotizaciones mostraron mayor estabilidad respecto de las fuertes subas registradas a comienzos del año, el valor de la carne continúa representando una parte importante del presupuesto de los hogares.
En febrero, por ejemplo, el consumo per cápita ya se encontraba en 47,3 kilos anuales, con una caída interanual del 2,5%. En ese momento, CICCRA había advertido que el indicador se encontraba en el nivel más bajo para ese período en dos décadas.
El pollo y el cerdo ganan espacio
La caída del consumo de carne vacuna también se explica por una transformación en las preferencias de los consumidores.
Frente al aumento de precios, muchas familias comenzaron a reemplazar parte de la carne vacuna por pollo y cerdo, alternativas que en determinados momentos ofrecen un costo menor por kilo.
Un informe de FADA difundido durante este año había mostrado justamente esta tendencia: mientras el consumo de carne vacuna retrocedía, el de cerdo avanzaba y alcanzaba los 19,3 kilos anuales por habitante.
De esta manera, el descenso de la carne vacuna no implica necesariamente que los argentinos hayan dejado de consumir proteínas animales, sino que una parte del consumo se está desplazando hacia otras opciones.
El registro de 46,3 kilos por habitante confirma una tendencia que viene desarrollándose desde hace varios años, la carne vacuna perdió parte del protagonismo que históricamente tuvo en la mesa argentina.
El desafío para el sector ganadero y frigorífico pasa ahora por sostener la producción y, al mismo tiempo, recuperar el mercado interno sin perder las oportunidades que ofrecen las exportaciones.





