La Reserva de Biósfera Ñacuñán confirmó un nuevo avistamiento del pichiciego menor dentro del área protegida, un registro poco frecuente que vuelve a poner en foco a una de las especies más enigmáticas del país.
Con apenas entre 7 y 11 centímetros de largo y un llamativo caparazón rosado que le dio el apodo de “hada rosa”, el Chlamyphorus truncatus es el armadillo más pequeño del mundo. De hábitos subterráneos y extremadamente esquivo, pasa la mayor parte de su vida bajo tierra, lo que hace que cada avistamiento sea considerado un hecho excepcional por especialistas y guardaparques.
Su presencia no es solo una curiosidad biológica: cumple un rol clave en el ecosistema del Monte mendocino. Al excavar galerías en busca de insectos y larvas, no solo regula poblaciones sino que también remueve y airea el suelo, favoreciendo la infiltración del agua y la regeneración de la vegetación en un ambiente árido y frágil.




