Ucrania llevó a cabo este miércoles uno de los mayores ataques con drones sobre Moscú desde el inicio de la guerra, al bombardear por segunda vez en una semana una de las principales refinerías de petróleo de la capital rusa.
La ofensiva provocó explosiones, incendios y una densa columna de humo visible desde distintos puntos de la ciudad, además de generar interrupciones en el transporte aéreo y afectar instalaciones estratégicas vinculadas al abastecimiento de combustible.
¿Qué dicen las autoridades rusas?
Según informaron autoridades rusas, cientos de drones participaron de la operación y, aunque gran parte fueron interceptados por los sistemas de defensa aérea, varios lograron alcanzar la refinería ubicada en el distrito de Kapotnya, al sureste de Moscú. Se trata de una instalación clave para el suministro de gasolina, diésel y combustible de aviación de la región, por lo que el ataque representa un golpe tanto económico como logístico para Rusia.
La ofensiva se produjo apenas días después de otro bombardeo contra la misma infraestructura energética. Desde Kiev señalaron que estos ataques forman parte de una estrategia para debilitar la capacidad militar rusa y responder a los constantes bombardeos sobre territorio ucraniano.
El presidente Volodímir Zelenski defendió la operación y sostuvo que Moscú debe enfrentar las consecuencias de la guerra que inició hace más de cuatro años.
Las explosiones obligaron a suspender temporalmente vuelos en aeropuertos de Moscú y generaron preocupación entre los habitantes de la capital rusa. Además, expertos advierten que los continuos ataques contra instalaciones petroleras podrían profundizar los problemas de abastecimiento de combustible que ya afectan a distintas regiones del país.
Cómo empezó el conflicto entre Rusia y Ucrania
La actual guerra entre Rusia y Ucrania se inició el 24 de febrero de 2022, cuando el presidente ruso, Vladimir Putin, ordenó una invasión militar a gran escala sobre territorio ucraniano. Aunque las tensiones entre ambos países se remontan a 2014, con la anexión rusa de Crimea y el conflicto en la región del Donbás, la ofensiva de 2022 marcó el comienzo de una guerra abierta que rápidamente escaló y atrajo la atención de toda la comunidad internacional.
Desde entonces, el conflicto dejó decenas de miles de víctimas, millones de desplazados y graves consecuencias económicas y energéticas a nivel global. Mientras Rusia logró ocupar distintos territorios en el este y sur de Ucrania, Kiev respondió con una fuerte resistencia apoyada por armamento, asistencia financiera e inteligencia de Estados Unidos y varios países europeos.
Con el paso de los años, la guerra evolucionó hacia una disputa de desgaste en la que los ataques con drones, misiles y bombardeos sobre infraestructuras estratégicas se volvieron cada vez más frecuentes tanto en territorio ucraniano como ruso. Actualmente, más de cuatro años después del inicio de la invasión, el conflicto continúa sin una solución diplomática a la vista y con episodios de creciente intensidad, como los recientes ataques sobre Moscú.




