Cada 30 de agosto, miles de personas en América Latina cortan su cabello en honor a Santa Rosa de Lima, primera santa del continente, en un ritual que combina fe, tradición y superstición, simbolizando renovación, protección y devoción.
Según la creencia popular, acompañar el corte con una oración o pensamiento dirigido a la santa refuerza la protección y la energía positiva.
Este ritual no es exclusivo para las mujeres: aunque ellas lo practican con mayor frecuencia, algunos hombres también participan, convencidos de que el cabello representa vitalidad y fuerza.
Además, algunas personas entierran un mechón bajo un rosal, como un símbolo de prosperidad y crecimiento.